miércoles, 24 de junio de 2015

Defensa de la vida en Laudato Si'

Numerosos puntos de Laudato Si', la enciclica ecológica del papa Francisco, defienden la vida prenatal. Lo integran en una defensa de la ecología y del hombre, en todos sus aspectos, buscando la justicia y la paz. Son los siguientes, entresacados del texto:

50. En lugar de resolver los problemas de los pobres y de pensar en un mundo diferente, algunos atinan sólo a proponer una reducción de la natalidad. No faltan presiones internacionales a los países en desarrollo, condicionando ayudas económicas a ciertas políticas de «salud reproductiva».

112… es posible volver a ampliar la mirada, y la libertad humana es capaz de limitar la técnica, orientarla y colocarla al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral.

120. Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades: «Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social» (cita del propio Papa en Alemania).

123. La cultura del relativismo es la misma patología que empuja a una persona a aprovecharse de otra y a tratarla como mero objeto, obligándola a trabajos forzados, o convirtiéndola en esclava a causa de una deuda. Es la misma lógica que lleva a la explotación sexual de los niños, o al abandono de los ancianos que no sirven para los propios intereses. Es también la lógica interna de quien dice: « Dejemos que las fuerzas invisibles del mercado regulen la economía, porque sus impactos sobre la sociedad y sobre la naturaleza son daños inevitables ». Si no hay verdades objetivas ni principios sólidos, fuera de la satisfacción de los propios proyectos y de las necesidades inmediatas, ¿qué límites pueden tener la trata de seres humanos, la criminalidad organizada, el narcotráfico, el comercio de diamantes ensangrentados y de pieles de animales en vías de extinción? ¿No es la misma lógica relativista la que justifica la compra de órganos a los pobres con el fin de venderlos o de utilizarlos para experimentación, o el descarte de niños porque no responden al deseo de sus padres? Es la misma lógica del «usa y tira», que genera tantos residuos sólo por el deseo desordenado de consumir más de lo que realmente se necesita. Entonces no podemos pensar que los proyectos políticos o la fuerza de la ley serán suficientes para evitar los comportamientos que afectan al ambiente, porque, cuando es la cultura la que se corrompe y ya no se reconoce alguna verdad objetiva o unos principios universalmente válidos, las leyes sólo se entenderán como imposiciones arbitrarias y como obstáculos a evitar.

136. Por otra parte, es preocupante que cuando algunos movimientos ecologistas defienden la integridad del ambiente, y con razón reclaman ciertos límites a la investigación científica, a veces no aplican estos mismos principios a la vida humana. Se suele justificar que se traspasen todos los límites cuando se experimenta con embriones humanos vivos. Se olvida que el valor inalienable de un ser humano va más allá del grado de su desarrollo. De ese modo, cuando la técnica desconoce los grandes principios éticos, termina considerando legítima cualquier práctica. Como vimos en este capítulo, la técnica separada de la ética difícilmente será capaz de autolimitar su poder.

229. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco.

230… el mundo del consumo exacerbado es al mismo tiempo el mundo del maltrato de la vida en todas sus formas.

246. … Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.

… Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz,
para proteger toda vida,
para preparar un futuro mejor,
para que venga tu Reino
de justicia, de paz, de amor y de hermosura.

sábado, 20 de junio de 2015

"De aquellos barros..."

"... vinieron estos lodos".

Estos días, en que "Podemos" sólo empieza a mostrar su radicalidad anticristiana e inmoral, me sorprende ver a muchas personas, cristianos de buena voluntad, llevarse las manos a la cabeza, criticar a estos jóvenes tiranos, asustados de este cambio.

 Pero esto no es nuevo. Empezamos a destruir España cuando se aprobó el aborto en 1981, y por eso el sueño de un país en paz se ha quedado en quimera. No se puede construir una sociedad justa y en paz sobre la muerte oculta de millones de inocentes. Los que no ven más allá de la realidad visible, no le dan importancia a estas cosas, y veían en estos pasados decenios un tiempo de paz y desarrollo. No era así. Madre Teresa, que veía bastante más, dijo sin tapujos que "la mayor amenaza para la paz es el aborto". La paz no se la cargó Zapatero con su guerracivilismo, él no fue más que un brazo ejecutor contra el que no estábamos protegidos, porque España había despreciado públicamente la fe y la justicia. La paz, así, era imposible, habría sido injusta. La paz no viene a los inicuos. La "transición"no nos la consiguió; no podía.

Tanto aquella primera ley del aborto, como la ley Aído no eran plenamente el triunfo del mal, porque tuvieron oposición. Sin embargo, el apoyo político unánime a la ley del aborto que se ha dado en estos últimos tiempos, y la previa aceptación de un Código de Ética Médica rastrero hace unos años, han constituido un hecho criminal y público de dimensiones inauditas. Esto nos deja desprotegidos frente a los desastres que nos acechaban, y trae consecuencias. Mientras, los miopes hacen cábalas sobre por qué ha perdido el PP, que si la crisis, los recortes, etc., como si el problema fuera ese... Como si el problema, incluso, fuera que ha perdido el PP. Están ciegos; no ven la realidad.

Miremos el ejemplo de Méjico: aprobó el aborto, y volvió a la barbarie de los sacrificios humanos al diablo, crímenes que María de Guadalupe aplastó con su pie hace 500 años. La consecuencia es que la paz huye y la violencia asola el país, pueblo por pueblo, casa por casa. La Argentina, que ha aprobado el aborto libre, sufrirá también las consecuencias.

Con la llegada de Podemos al poder en España, por fin estamos viendo la hez que durante años hemos tolerado en nosotros mismos. No son ellos el problema: hemos sido nosotros. Años de injusticia social y de aborto no pueden dar la paz ni la justicia. Lo que va a sufrir España no es culpa de Podemos, es culpa nuestra. Hemos apostatado, hemos despreciado a Dios, fuente de agua viva, y nos hemos cavado cisternas agrietadas de progreso y bienestar, que no retienen el agua. Hemos abandonado a la verdad y hemos despreciado la justicia: ¿qué esperábamos que sucediera? Al final no tenemos ni progreso ni bienestar, sino violencia y desunión, casa por casa. "Podemos" no es la causa, es una consecuencia más, y ni siquiera la peor.

Pero ahora, no tengamos miedo a los que sólo pueden matar el cuerpo; lo verdaderamente maligno es dejarnos engañar por una falsa paz y un falso orden, mientras somos acompañados poco a poco al abismo.

lunes, 15 de junio de 2015

Jerarquía y carisma: ¿por qué la Iglesia no es una empresa?

La Iglesia es a la vez jerárquica y carismática, como enseña el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium 4).

Jerome Lejeune y su mujer con el Papa. Por iniciativa del Dr.
Lejeune, Juan Pablo creó la Pontificia Academia Pro Vita.
La Academia permitiría a la Iglesia estar a la vanguardia del
conocimiento científico, paso necesario para el análisis moral.
Existe una jerarquía que está ahí precisamente para discernir los carismas, porque el Espíritu Santo sopla donde quiere (cf. Juan 3,8). El servidor jerárquico, al nivel que sea, está sobre todo para discernir las ideas que generalmente vienen de abajo a arriba, las que el Espíritu Santo sugiere a su pueblo, dándole carismas.

En eso se diferencia la Iglesia de la clásica empresa anquilosada. En esa empresa, las ideas generalmente van de arriba a abajo. Originalidad y discernimiento recaen sobre las mismas personas. Si esto sucediera en la Iglesia, ésta se parecería a una empresa meramente humana. Incluso, se parecería a una mala empresa; porque, en las buenas empresas, en las que aprovechan su capital humano, se atiende a las ideas que vienen de abajo a arriba, y el dirigente se da cuenta de que más que tener ideas originales, su misión es distinguir las buenas ideas de sus subordinados, alentarlas y facilitar su implementación.

Además de las ideas, también el fervor y los ánimos para actuar provienen del Espíritu Santo, y por tanto fluyen a menudo de forma imprevista, en acciones que es necesario facilitar, poniendo las estructuras a su servicio. Es importante este orden eclesial, jerárquico y carismático, donde el servidor jerárquico escucha y discierne, para ser dóciles a la acción del Espíritu Santo.

La Iglesia no es como una mala empresa, es como una buena empresa, pero mucho mejor, porque en ella las ideas son a menudo carismas sobrenaturales, y el servidor jerárquico cuenta también con esos dones sobrenaturales para detectarlos.

A menudo ese orden eclesial es estorbado por el pecado, como podemos ver en la vida de tantos santos: la jerarquía no es obedecida, o los carismas son entorpecidos y hasta perseguidos. A veces Dios permite esto, pero la cosecha crece de día y de noche, en la sintonía y en la oposición. Otras veces, la jerarquía no discierne, por respetos humanos mal entendidos, o bien los que reciben carismas caen en la pasividad, refugiándose en piadosas excusas para no molestar, o incluso en una mal entendida obediencia. Entonces es cuando la sal se vuelve sosa. ¡No permita Dios que nos ocurra esto!


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