lunes, 10 de agosto de 2015

Transexualidad y apadrinamiento

 El Obispo de Cádiz y Ceuta ha permitido que una persona con fe, pero con un problema de identidad sexual enfocado hacia la transexualidad, pueda apadrinar a un niño en su bautismo, tras denegárselo inicialmente. Para empezar, aclaro que mi intención al escribir este artículo no es juzgar la acción de mi Obispo. Afortunadamente para todos, yo no llevo la carga que Dios le ha entregado a él, y prefiero limitarme a aceptar su decisión en este caso particular que, como la mayoría, apenas conozco en sus detalles. 

Creo que lo que ha sucedido hay que entenderlo en el contexto de la "trampa", y su fin es impedir o dificultar la verdadera predicación de Jesucristo. No me refiero a las personas que -lo siento por ellas- se han prestado a caer en esto, sino a una intención más oculta, del verdadero enemigo. Se parece a las trampas que le pusieron a Jesús para acabar con su predicación, como la de pagar o no impuestos, o la mujer adúltera. Si defiendes a la mujer adúltera, anulas la ley de Dios, y si la condenas, ¿dónde está la misericordia que predicas? En este caso, el escándalo parece también inevitable: si se acepta el apadrinamiento, muchos creen, confundidos, que la Iglesia bendice la transexualidad; si no se hubiera aceptado, muchos creerían, también confundidos, que la Iglesia, que es y debe ser un hospital de pecadores, no acoge y rechaza a las personas transexuales. Por eso, mi intención al escribir esto es evitar la confusión, y aclarar que haberlo aceptado no significa que la Iglesia vea el cambio de apariencia sexual que llamamos "transexualidad", como un camino bueno para las personas con problemas de reconocimiento de su propia sexualidad. Al admitir la actuación de esta mujer en el bautismo del que será su ahijado/a, la Iglesia no la está reconociendo como "padrino", en el sentido de reconocer que ella sea ahora de sexo masculino. Es verdad que esta situación puede confundir a muchos, y otros la aprovechan fácilmente para aumentar esa confusión.

 El hecho de que haya padrino o padrinos de bautismo no es necesario para el sacramento. Es más, el hecho de que sean dos, un padrino y una madrina, es una costumbre, una buena y bella costumbre cristiana, no algo esencial ni obligatorio. La costumbre es también que el padrino o padrinos los elijan los padres, y deberían ser personas que les puedan ayudar a formar a su hijo en la fe, darle buen ejemplo y orar por él. Muchas veces fallamos en esto y, como no tenemos muchas opciones alrededor, caemos en el error de elegir a personas que carecen de verdadera fe, o que no viven conforme a ella.

 Aunque los problemas de identidad sexual son una durísima carga para quienes los padecen, la Iglesia sabe y enseña, incluyendo al propio Papa Francisco, que la transexualidad y el mal llamado "cambio de sexo" no constituyen el verdadero camino de la realización personal que Dios quiere para cada uno de ellos. Dios les ama a cada uno tal como son, con todos sus problemas. Es bueno saber que el sexo es algo esencial, constitutivo de la persona, y no se debe ni se puede cambiar. Dice Francisco en su reciente encíclica "Laudato Si'", nº 155: "Cabe reconocer que nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma»".

En definitiva, el hecho de que a esta persona se le haya admitido -no sin evidentes dificultades- para apadrinar a un niño, significa sólo eso, que se le ha permitido apadrinar a un niño, aunque esto lleve a tantos a confusión.

1 comentario:

Maria del Rayo dijo...

Los caminos de Dios, no son nuestros caminos. El Señor esta haciendo algo en ella, ahora él. Lo que Dios permite no es malo. Solo esperemos ver los resultados.
Dios es infinitamente bueno.
Gracias!!

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