lunes, 11 de enero de 2016

Sobre la que se está liando con el vídeo del Papa

 A mí me parece que no es para tanto. Parto de que no me gusta el vídeo, que me parece que con la mezcla de imágenes y palabras abona el sincretismo New Age actual. Pero el Papa no es el guionista, sino que probablemente se le ha puesto algo por delante que él no ha acertado a corregir. Estoy seguro de que el Papa no es un sincretista ni se apunta a la New Age.
 Así las cosas, tenemos un Papa con un defecto -no se le da bien corregir-, y añado más: le cuesta el discernimiento doctrinal -esto es lo peor, y ya ha pesado en la preparación del Sínodo de la Familia-, a veces se pasa hablando para agradar, no sale muy bien parado cuando se encuentra con poderosos malintencionados, confía a veces en quienes no lo merecen y no es un hombre muy sensible hacia ciertas faltas de sentido de la sacralidad. 
 ¡Vaya por Dios, un Papa defectuoso! Pues claro, digno sucesor de San Pedro, que también era bastante "defectuoso". Lo malo -para su imagen- es que le haya tocado después de un Papa como San Juan Pablo II, con tantos dones y carismas del Espíritu, pero lo que tenemos que hacer es rezar por él y ayudarle, y señalar la verdad a los que se dejan confundir por esos deslices que permite en sus colaboradores -como en el vídeo- o cosas así, algunas más importantes y otras menos.
 Es cierto que en el momento actual, de rechazo a la enseñanza de Cristo y de desviaciones doctrinales enormes, junto al New Age y el Nuevo Orden Mundial, esta debilidad del hombre elegido como Papa parece muy inoportuna. Pero la Iglesia y su misión no dependen de la fortaleza humana de los papas ni de su falta de defectos, sino de la mano de Dios que la guía y la sostiene, a pesar de todas esas debilidades no sólo del Papa, sino de todos nosotros. Llevamos el tesoro del Reino "en vasijas de barro", precisamente para que se vea que el poder es de Dios, y no nuestro (cf. 2 Cor 4,7).
 Además, también Francisco tiene importantes virtudes, dones y carismas, como es su insistencia en la misericordia tan necesaria en un mundo tan herido -con la proclamación de este año-, su preocupación constante por los pobres, la forma de hablar clara y práctica que se pone de manifiesto, por ejemplo, en la maravillosa exhortación Evangelii Gaudium, o su denuncia profética de algunos problemas importantes que quizá no eran suficientemente denunciados. Además, cuenta y contará siempre, como todos los papas, con la asistencia del Espíritu Santo en su Magisterio. "Donde está Pedro, allí está la Iglesia, y donde está la Iglesia no hay muerte, sino vida eterna" (San Ambrosio).
 Por otra parte, nosotros también tenemos enormes defectos, y probablemente más graves que los del Papa. Y dones, dones del Espíritu Santo, también los tenemos. Y carismas gratuitos. Creo que no debemos escandalizarnos porque otras personas creyentes, y puede que más santas que nosotros, no vean lo que nosotros vemos, no sean sensibles a lo que nosotros sí somos -me refiero a personas que quieren ser fieles de verdad, de otros ni hablo-. Todos en la Iglesia nos necesitamos, y cada uno tiene carismas distintos, y defectos distintos. Verdad y caridad deben ser inseparables, pero algunos, desgraciadamente, fallamos más por la caridad, y para otros es al revés. Nos necesitamos unos a otros, y no sirve de nada quejarse, sino trabajar con paz dando lo que hemos recibido, cuidando de que no se vea mermada la fidelidad al Papa, al vicario de Cristo, y que no parezca que tememos que la barca se hunda, porque Cristo está en ella.
 Es más, creo que es el momento de mostrarnos más tranquilos, para que se vea que nuestra confianza no está en las cosas humanas, sino en la Roca. Que la Iglesia sea el hogar de la dulzura, el hogar de María, aun en medio de la tormenta.
 Tanta confusión es menos de extrañar si pensamos en la dificultad del momento que vivimos, por el gran desconcierto imperante en la sociedad, las gravísimas injusticias, mentiras bien presentadas, desviaciones doctrinales, los poderes que manejan en la sombra los hilos de gobiernos y medios... Es muy difícil para el Papa, y es difícil para nosotros, que muchas veces no acertamos a reaccionar bien.
 No quiero ser un falso profeta tranquilizador. Al contrario, sin ser nada profético, tal como está el mundo y la Iglesia, y como están muchas familias por dentro, creo que es lógico prepararse para lo peor. Así que mejor vayamos fortaleciendo nuestra relación con Dios y perdiendo el gusto por las cosas del mundo, porque nos espera el martirio, de una u otra forma, o la apostasía, de una u otra forma. Ya nos lo anunció Juan Pablo II. Y si se da el caso de que estamos ya en la tormenta perfecta, y a la barca le tiene que pasar de todo menos hundirse, entonces será la hora de escuchar al Espíritu que nos dirá: "Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación" (Lc 21, 28).



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