domingo, 12 de marzo de 2017

"Mi pueblo perece por falta de conocimiento" (Os 4,6)

Existen dos tipos de realidades a las que llamamos "energías". Unas son de tipo físico, como la energía dependiente de fuerzas gravitatorias, químicas, electromagnéticas y nucleares. Este tipo de energía se puede medir con aparatos detectores. La sanación médica se basa en ellas. Es explicable científicamente.
Existen otras realidades a las que a veces llamamos "energías", que no se pueden medir, porque son espirituales. Vienen de seres espirituales, es decir, de seres personales que están más allá de la realidad física. Los griegos llamaban "energías" a estos seres, y de ahí la palabra "energúmeno", que se refiere a aquel que está poseído por un ser espiritual maligno.
A veces se invocan estas "energías", quizá sin darse cuenta de con quién se está interaccionando. Incluso a veces, quien lo hace o quien recibe una sanación "energética" no se da realmente cuenta de lo que está haciendo.
Porque estas energías, cuando no son una patraña -origen de mera sugestión humana-, pueden tener dos orígenes: sobrenatural o preternatural. Sobrenatural es lo que viene de Dios. Preternatural, lo que viene de los ángeles caídos, de los demonios.
Muchos engañan a la gente con ritos de sanación y dicen que eso es lo que hacía Jesús o los santos al sanar. No es así, y es fácil de reconocer...
- Para la sanación que viene de Dios no hace falta conocer técnicas ni hacer cursos. No es una "gnosis", sólo hace falta fe, como se ve en el Evangelio (Mc 9, 23). Fe en Dios y en su poder de sanación.
- Por lo anterior, el artífice de la sanación no es el "medium", sino el mismo Dios. El que ruega al Señor para la sanación del enfermo no quiere ser reconocido, sino que remite a alabar a Dios.
- Por lo mismo, el que quisiera cobrar, aunque fuera un solo euro, o recibir un favor en pago por haber rogado a Dios por la sanación de otro, o por enseñar a otros a sanar, estaría cometiendo un grave pecado de "simonía", nombre que hace referencia al mago Simón, que quiso comprar a Pedro su poder de obrar milagros (Hch 9, 24). Pues dice Jesús:

"Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; lo que gratis habéis recibido, dadlo gratis" (Mt 10,8).
Finalmente, la sanación de Dios es gratuita y sobreabundante. Gratuita, porque Dios no nos pide nada, sólo debemos darle las gracias por lo que nos da gratis. Sobreabundante, porque Dios no sólo sana el cuerpo, sino que con cada milagro de sanación busca la sanación del alma del enfermo y/o de los que tiene a su alrededor.
En cambio, las acciones aparentemente "buenas" del demonio nos dan aparentemente un poco para quitárnoslo todo. Pretenden darnos migajas de salud corporal para quitarnos la paz y la unión con el Señor, para apartarnos de Él y que no pongamos nuestra esperanza en su bondad, para que no digamos "hágase Tu Voluntad" y crearnos dependencia hacia esas técnicas que no vienen de Dios.
No os dejéis engañar, hermanos, y examinadlo todo. El pueblo de Dios perece por falta de conocimiento, y la secularización ha hecho que se olviden estas cosas que son básicas para no ir por caminos equivocados, contrarios al primer mandamiento:

"¡Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, es Señor es Uno!" (Dt 6,4).
Quien recurre a una de tantas técnicas aparentemente buenas pero que no lo son, si lo hace involuntariamente, por ignorancia, y estando en gracia con la confesión y comunión frecuentes, va a estar bastante protegido contra malas influencias, pero son cosas que pueden ir minando su esperanza y su confianza en Dios. Hasta pueden recomendarlas a personas que, al no estar tan protegidas por la gracia, van a sufrir mucho más las consecuencias. Se van a hacer dependientes de esas técnicas, van a ir perdiendo su paz, se pueden alejar de Dios y les puede hacer mal a ellos y a sus familias. Los exorcistas hoy nos advierten de que les llegan personas dañadas por esas "técnicas".
Tened fe y esperanza, actuad con conocimiento, y apartaos de lo que no viene de Dios.

"Bendito sea el Señor, Dios de Israel, SÓLO Él hace maravillas" (Sal 71,18).

jueves, 5 de enero de 2017

Carta a los Reyes Magos


Querido Mago Melchor,
el de la barba plateada
que desde tierra alejada
buscó a nuestro Salvador,

Sería para mí un honor
servirte, sin darme nada,
pero es cosa acostumbrada
pedirte algo por favor.
Te diré lo que me agrada,
si no hallas cosa mejor:

Tú que regalaste el oro
al Niño-Rey con amor,
concédeme, te lo imploro
tratar con ese decoro
a los de mi alrededor.

Querido Mago Gaspar
de rojiza cabellera,
tú que a estrella mensajera
perseguiste sin dudar,
y con devoción sincera
no paraste de rezar
hasta dar con el lugar
donde el buen Jesús naciera,

una cosa yo quisiera
pedirte, sin molestar:

Tú que llevaste el incienso
para a Dios agasajar,
llena lo que digo y pienso
de gran fe y de amor inmenso
para poderle alabar.

Querido Rey Baltasar,
de raza coloreada,
que sin volver la mirada
a Jesús fuiste a buscar;
 dejaste así tu lugar,
tu tierra tan bien amada
y tu casa acomodada
en cálido bienestar.

¿Qué me puedes regalar?
¡Si no me falta de nada!

Tú que con mirra olorosa
fuiste al Niño a visitar,
con esa acción generosa
sí puedes darme una cosa:
¡enséñame el verbo “dar”!

Queridos Magos de Oriente,
vosotros que hasta el portal
fuisteis tras una señal
con espíritu obediente,

Concedednos, igualmente,
apartándonos del mal,
seguir la guía maternal
de la Iglesia en el presente,
para así poder estar
junto a Dios, eternamete.

Os lo ruego con cariño
y sincera devoción,
pues los tres sois la ilusión
de mi inocencia de niño.

Y aunque años pasarán,
guardaré una imagen bella:
Mi corazón andará
siempre detrás de la Estrella. 

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