martes, 21 de noviembre de 2017

¡Cuidado con ser falsos profetas!

San Juan Bautista, prototipo de verdadero profeta
¡Cuidado con ser falsos profetas! No se puede pasar por alto el pecado, la ofensa a Dios. Además, es la causa de mucho sufrimiento, ansiedad, tristeza, falta de paz, desesperación... Si no denunciamos el pecado, nuestra supuesta evangelización será como la sal sosa de la que hablaba Jesús, que no sirve para nada.

Una actitud abierta de misericordia es necesaria, pero eso no significa pasar por alto el pecado, al contrario. La misericordia es el perdón de los pecados, no el disimulo de los pecados. Esa es la salvación que anunciamos, la que nos trae Jesús, la que anuncian los verdaderos profetas:

"Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de los pecados.

Por entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto
para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz". Lc 1, 71-79.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Cuidado con los falsos profetas

Cuidado si alguien te dice que condenarse es muy difícil, que según su opinión pocos se condenan y que la mayoría iremos al Purgatorio. No lo sabe; no es esa la Palabra de Dios, ni se está hablando en su Nombre al decir eso. 

Realmente, ni él ni nosotros sabemos si hay muchos o pocos que se condenen, sólo sabemos lo que nos dijo Jesucristo, y hemos de enseñar en su Nombre, no por lo que nosotros pensemos u opinemos. Cuando a Él le preguntaron si serían pocos los que se salvasen, respondió:
"Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos querrán entrar y no podrán" (Lucas 13, 24). 
Y también dijo:
"Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan". (Mateo 7, 13-14)
No es misericordia decirle a quien va por mal camino, hacia el precipicio: "no te preocupes, es muy difícil que te mates". Resulta especialmente imprudente cuando uno de los grandes errores de hoy día es la presunción, creer que porque Dios es misericordioso, no es justo; que el infierno estará semivacío y yo no me condenaré. Contra esa presunción, San Pedro en su segunda carta, nos recuerda que Dios ya envió al infierno a los ángeles caídos, así que no seamos temerarios siguiendo a falsos profetas: (2 Pe 2,1-4):
"En el pueblo de Israel hubo también falsos profetas. De la misma manera, habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán solapadamente desviaciones perniciosas, y renegarán del Señor que los redimió, atrayendo sobre sí mismos una inminente perdición. Muchos imitarán su desenfreno, y por causa de ellos, el camino de la verdad será objeto de blasfemias. Llevados por la ambición, y valiéndose de palabras engañosas, ellos se aprovecharán de vosotros. Pero hace mucho que el juicio les amenaza y la perdición les acecha. Porque Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los precipitó en el infierno y los sumergió en el abismo de las tinieblas, donde están reservados para el Juicio". (2 Pe 2,1-4).
Las opiniones personales no son doctrina ni Palabra de Dios, y no todos los que se hacen pasar por profetas son verdaderos profetas. Un verdadero profeta no es el que dice lo que todos quieren oír. Cuidado.

domingo, 18 de junio de 2017

Por Corpus Christi

 Hace tres semanas estuve en la Prioral de Vejer y le hice una foto a este Edicto que ya conocía, del Obispo José María Rancés, en 1910. Está enmarcado y puesto en la Sacristía.

 En este edicto, que recuerda a los sacerdotes algunos aspectos litúrgicos, me maravilló un consejo que cuadra perfectamente con mi sensibilidad carismática. Dice que el sacerdote debe estar...
 "cuidando con esmero de que los movimientos y la gravedad con que practique las ceremonias hagan que el pueblo fiel se penetre de que el Sacerdote está en aquel acto en comunicación con Dios".
 Quizá alguien se sorprenda de que diga esto, reconociéndome carismático, pero es que la renovación carismática, sobre todo, no va de formas nuevas, sino de renovar el fervor.

 Y fervor es actuar sabiendo que estamos en comunicación con Dios, y que esto sea patente y visible. Es lo mismo que dice el Obispo José María Rancés. Cuando rezamos mirando al cielo, no hacemos el idiota mirando al techo de la iglesia, miramos a un lugar físico que es signo espiritual de la presencia de Dios, a donde ascendió el Señor, al Cielo.

 Esto se hace especialmente patente en el acto que culmina la Misa y toda la vida cristiana, cuando el sacerdote toma en sus manos a Cristo y todos unidos a Él nos ofrecemos... ¿A Quién? ¡Al PADRE! En sacrificio de alabanza:

"¡Por CRISTO, con Él y en Él, A TI, DIOS PADRE OMNIPOTENTE, en la unidad del ESPÍRITU SANTO, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos!"

Me parece importante recalcar bien este momento culminante, y mostrar que estamos dirigiéndonos al PADRE en sacrificio de alabanza (hacia el Cielo, hacia lo alto, que se vea lo que creemos), y que todos los fieles lo ratifiquemos con ese

"¡AMÉN!"

Respondido con fuerza y fervor, de manera que retumben los muros de la Iglesia y hasta los pilares del Cosmos entero, porque ese es el centro de nuestra vida, el hito de la restauración de todo en Cristo Jesús.

Creo que la participación de los laicos que promueve el Concilio Vaticano II, no tiene que ver tanto con hacer cosas, como con ese fervor que en otras épocas existió, que la secularización nubló -y por eso ahora actuamos disimulando, como si no creyéramos lo que creemos- y que es necesario renovar.


domingo, 12 de marzo de 2017

"Mi pueblo perece por falta de conocimiento" (Os 4,6)

Existen dos tipos de realidades a las que llamamos "energías". Unas son de tipo físico, como la energía dependiente de fuerzas gravitatorias, químicas, electromagnéticas y nucleares. Este tipo de energía se puede medir con aparatos detectores. La sanación médica se basa en ellas. Es explicable científicamente.
Existen otras realidades a las que a veces llamamos "energías", que no se pueden medir, porque son espirituales. Vienen de seres espirituales, es decir, de seres personales que están más allá de la realidad física. Los griegos llamaban "energías" a estos seres, y de ahí la palabra "energúmeno", que se refiere a aquel que está poseído por un ser espiritual maligno.
A veces se invocan estas "energías", quizá sin darse cuenta de con quién se está interaccionando. Incluso a veces, quien lo hace o quien recibe una sanación "energética" no se da realmente cuenta de lo que está haciendo.
Porque estas energías, cuando no son una patraña -origen de mera sugestión humana-, pueden tener dos orígenes: sobrenatural o preternatural. Sobrenatural es lo que viene de Dios. Preternatural, lo que viene de los ángeles caídos, de los demonios.
Muchos engañan a la gente con ritos de sanación y dicen que eso es lo que hacía Jesús o los santos al sanar. No es así, y es fácil de reconocer...
- Para la sanación que viene de Dios no hace falta conocer técnicas ni hacer cursos. No es una "gnosis", sólo hace falta fe, como se ve en el Evangelio (Mc 9, 23). Fe en Dios y en su poder de sanación.
- Por lo anterior, el artífice de la sanación no es el "medium", sino el mismo Dios. El que ruega al Señor para la sanación del enfermo no quiere ser reconocido, sino que remite a alabar a Dios.
- Por lo mismo, el que quisiera cobrar, aunque fuera un solo euro, o recibir un favor en pago por haber rogado a Dios por la sanación de otro, o por enseñar a otros a sanar, estaría cometiendo un grave pecado de "simonía", nombre que hace referencia al mago Simón, que quiso comprar a Pedro su poder de obrar milagros (Hch 9, 24). Pues dice Jesús:

"Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; lo que gratis habéis recibido, dadlo gratis" (Mt 10,8).
Finalmente, la sanación de Dios es gratuita y sobreabundante. Gratuita, porque Dios no nos pide nada, sólo debemos darle las gracias por lo que nos da gratis. Sobreabundante, porque Dios no sólo sana el cuerpo, sino que con cada milagro de sanación busca la sanación del alma del enfermo y/o de los que tiene a su alrededor.
En cambio, las acciones aparentemente "buenas" del demonio nos dan aparentemente un poco para quitárnoslo todo. Pretenden darnos migajas de salud corporal para quitarnos la paz y la unión con el Señor, para apartarnos de Él y que no pongamos nuestra esperanza en su bondad, para que no digamos "hágase Tu Voluntad" y crearnos dependencia hacia esas técnicas que no vienen de Dios.
No os dejéis engañar, hermanos, y examinadlo todo. El pueblo de Dios perece por falta de conocimiento, y la secularización ha hecho que se olviden estas cosas que son básicas para no ir por caminos equivocados, contrarios al primer mandamiento:

"¡Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, es Señor es Uno!" (Dt 6,4).
Quien recurre a una de tantas técnicas aparentemente buenas pero que no lo son, si lo hace involuntariamente, por ignorancia, y estando en gracia con la confesión y comunión frecuentes, va a estar bastante protegido contra malas influencias, pero son cosas que pueden ir minando su esperanza y su confianza en Dios. Hasta pueden recomendarlas a personas que, al no estar tan protegidas por la gracia, van a sufrir mucho más las consecuencias. Se van a hacer dependientes de esas técnicas, van a ir perdiendo su paz, se pueden alejar de Dios y les puede hacer mal a ellos y a sus familias. Los exorcistas hoy nos advierten de que les llegan personas dañadas por esas "técnicas".
Tened fe y esperanza, actuad con conocimiento, y apartaos de lo que no viene de Dios.

"Bendito sea el Señor, Dios de Israel, SÓLO Él hace maravillas" (Sal 71,18).

jueves, 5 de enero de 2017

Carta a los Reyes Magos


Querido Mago Melchor,
el de la barba plateada
que desde tierra alejada
buscó a nuestro Salvador,

Sería para mí un honor
servirte, sin darme nada,
pero es cosa acostumbrada
pedirte algo por favor.
Te diré lo que me agrada,
si no hallas cosa mejor:

Tú que regalaste el oro
al Niño-Rey con amor,
concédeme, te lo imploro
tratar con ese decoro
a los de mi alrededor.

Querido Mago Gaspar
de rojiza cabellera,
tú que a estrella mensajera
perseguiste sin dudar,
y con devoción sincera
no paraste de rezar
hasta dar con el lugar
donde el buen Jesús naciera,

una cosa yo quisiera
pedirte, sin molestar:

Tú que llevaste el incienso
para a Dios agasajar,
llena lo que digo y pienso
de gran fe y de amor inmenso
para poderle alabar.

Querido Rey Baltasar,
de raza coloreada,
que sin volver la mirada
a Jesús fuiste a buscar;
 dejaste así tu lugar,
tu tierra tan bien amada
y tu casa acomodada
en cálido bienestar.

¿Qué me puedes regalar?
¡Si no me falta de nada!

Tú que con mirra olorosa
fuiste al Niño a visitar,
con esa acción generosa
sí puedes darme una cosa:
¡enséñame el verbo “dar”!

Queridos Magos de Oriente,
vosotros que hasta el portal
fuisteis tras una señal
con espíritu obediente,

Concedednos, igualmente,
apartándonos del mal,
seguir la guía maternal
de la Iglesia en el presente,
para así poder estar
junto a Dios, eternamete.

Os lo ruego con cariño
y sincera devoción,
pues los tres sois la ilusión
de mi inocencia de niño.

Y aunque años pasarán,
guardaré una imagen bella:
Mi corazón andará
siempre detrás de la Estrella. 

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