jueves, 5 de enero de 2017

Carta a los Reyes Magos


Querido Mago Melchor,
el de la barba plateada
que desde tierra alejada
buscó a nuestro Salvador,

Sería para mí un honor
servirte, sin darme nada,
pero es cosa acostumbrada
pedirte algo por favor.
Te diré lo que me agrada,
si no hallas cosa mejor:

Tú que regalaste el oro
al Niño-Rey con amor,
concédeme, te lo imploro
tratar con ese decoro
a los de mi alrededor.

Querido Mago Gaspar
de rojiza cabellera,
tú que a estrella mensajera
perseguiste sin dudar,
y con devoción sincera
no paraste de rezar
hasta dar con el lugar
donde el buen Jesús naciera,

una cosa yo quisiera
pedirte, sin molestar:

Tú que llevaste el incienso
para a Dios agasajar,
llena lo que digo y pienso
de gran fe y de amor inmenso
para poderle alabar.

Querido Rey Baltasar,
de raza coloreada,
que sin volver la mirada
a Jesús fuiste a buscar;
 dejaste así tu lugar,
tu tierra tan bien amada
y tu casa acomodada
en cálido bienestar.

¿Qué me puedes regalar?
¡Si no me falta de nada!

Tú que con mirra olorosa
fuiste al Niño a visitar,
con esa acción generosa
sí puedes darme una cosa:
¡enséñame el verbo “dar”!

Queridos Magos de Oriente,
vosotros que hasta el portal
fuisteis tras una señal
con espíritu obediente,

Concedednos, igualmente,
apartándonos del mal,
seguir la guía maternal
de la Iglesia en el presente,
para así poder estar
junto a Dios, eternamete.

Os lo ruego con cariño
y sincera devoción,
pues los tres sois la ilusión
de mi inocencia de niño.

Y aunque años pasarán,
guardaré una imagen bella:
Mi corazón andará
siempre detrás de la Estrella. 

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